lunes, 11 de febrero de 2013

Carrusel Bloguero: Por los Cerros de Úbeda

Este mes de febrero toca, como todos los meses desde hace catorce, entrada para el...

me toca las narices la publicidad, pero como es gratis.

 
El anfitrión de este mes es TPF:Génesis, el cual nos trae ese tema tan bonito, divertido, común y desesperante que es cuando tus jugadores se van “Por los Cerrosde Úbeda”. Mi suegro es de allí, de Úbeda, y seguro que podría contarnos muchas virtudes de la ciudad. Quizás en otra ocasión, que hoy estamos aquí para otra cosa.
No son pocas las partidas en las que los jugadores, por alguna extraña circunstancia que sólo se da cuando eres jugador, creen seguir un buen camino yéndose por la única opción que tú, director de juego sacrificado, no habías ideado. Todo estaba claro, meridianamente claro, y ellos optaron por seguir aquel rumor que dejaste caer por si en futuras partidas podías desarrollarlo o esa extraña pista falsa que no conducía a nada y que tardaron tres horas en darse cuenta. ¿Qué hacer ante esta situación?. Bueno, pues para eso estamos aquí. Vamos a ver qué hacemos cada uno en estos casos, a ver si entre todos llegamos a una buena conclusión.

Con aceite todo entra mejor...
Las partidas que dirijo suelen ser de dos tipos, o al menos así eran. Las primeras estaban curradas. Escribía y escribía folios con una trama maravillosamente hilada, sin huecos, sin posibilidad de desastre. En ellas, si bien la libertad de los pj existía, cuando se me alejaban algo del guión establecido les reconducía rápidamente por la buena senda. Esa senda era mi senda, y por eso era buena. ¡Cuán equivocado estaba!. Todo lo que intentaban hacer o era fútil, con la consiguiente desesperación de los jugadores y, a la larga, aburrimiento, o pronto aparecía algún pnj que les devolvía tras la pista correcta del mejor modo que sabía: a hostia limpia.
Sí, en alguna ocasión ha tenido que morir algún pj para que el resto reculase y volviese por donde debían ir.
Como digo, esto era un error. Los jugadores se aburrían y se sentían presas de una historia en la que no podían intervenir. Recuerdo algunas partidas en las que creo que hacían las cosas al revés de cómo se planteaban por pura rebeldía, sin lógica alguna. Una vez, jugando Vampiro: La Mascarada, estaban en Atlanta siguiendo la pisa de unos malkavian que había desaparecido. El prínciep Benison les dejó quedarse en la ciudad siempre y cuando no molestasen a los miembros de la familia Giovanni. Doce escenas tenía esa partida. ¿Cúando creéis que dejamos de jugar?. A la tercera escena. ¿Por qué?. Por que las garras gangrel y el cuello de los Giovanni no se llevan bien. Desobedecer al príncipe tampoco es algo que ayude a llevar a buen término una partida. Así que, antes de tener que jugar una caza de sangre que daría con los huesos de los pj al sol, chapamos sesión y a otra cosa mariposa.
Las partidas cada vez eran peores y ya casi nos juntábamos por costumbre que por interés.

El perro es el pnj que ayuda al grupo. El resto de elementos se sobreentiende.
Así que un día que teníamos partida, y no había preparado nada, decidí probar a improvisar a ver qué salía. Los jugadores tenían libertad para hacer lo que quisieran y, cuando a mí me pareciera bien, sacaba ciertos acontecimientos para que la trama que yo quería narrar se realizase y la partida que los jugadores querían jugar se jugase. Y así es como decidí narrar y narro hasta ahora.
¿Que los jugadores se van por los cerros de Úbeda en una partida? Pues yo me voy con ellos, les dejo hacer y deshacer a su antojo y, cuando su lógica se imponga o sus propias acciones les atasquen, saco mi as de la manga y les encauzo otra vez. Por supuesto, cuando me lanzo a dirigir una partida ya escrita, como “Peligro en Desembarco del Rey”, puede volver a pasar que tengan delante al culpable de sus penas pero ellos sospechen de otra persona y se líe tanto la madeja que haya que cortarla de forma radical. 
Así que, basándome en mi experiencia, cuando los jugadores se ponen a hacer el cabra y se van por la tangente, sólo quedan dos opciones: Irse con ellos de farra y disfrutar todos de la partida que salga, o se corta antes de que eso se convierta en un sin dios y haya que empezar desde cero.
Vosotros dirigís, vosotros decidís, pero tened en cuenta que, al fin y al cabo, ¿qué sería de nuestras partidas de rol sin estas cosas tan divertidas que hacen los jugadores?.

2 comentarios:

  1. Pues sí, con el tiempo y la experiencia (aunque al principio de mucho miedín) se disfruta mucho de las idas por caminos ignotos. Ahí es también cuando los jugadores son capaces de aportar, tal vez, más al desarrollo de las partidas en sí.

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    1. Al principio es mejor atizar con la vara o, como hizo un conocido que no nombraré, porque a Josema de El Pincel Pisador no el gusta que le nombren, cerrar el libro e irse a tomar unas cañas. XD
      Gracias por comentar, Rasczak.

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