viernes, 21 de junio de 2013

La Puerta de Ishtar: Katurû

Trabajito me ha costado esta entrada. Cuando vi la portada del número 9 de La Espada Salvaje de Conan supe inmediatamente que ese bicho tenía que ir para La Puerta de Ishtar sí o sí. 
Trapicheé con el programa de imagen, hice la ficha para el bicho y, cuando me puse a ver las criaturas del bestiario de La Puerta de Ishtar, me encuentro con los eriamalaku y se me cae todo el chiringuito porque lo único que diferencia al bicho del libro con el mío es el nombre y la forma.
¡Oh inspiración, puta traicionera! Una semana entera para encontrar una idea de la que tirar y sacar un trasfondo a la criatura. Y hoy, preparando la entrada para un Igigu que quiero meter en mis partidas en Kishar y buscando una ciudad donde meter el culto a este Igigu, me encuentro con la chispa que ha encendido todo.
Aquí os dejo al Katurû, otro bichito para poblar Kishar.

Iä, Iä, Katurû fthang
Estas deformes criaturas son otro de los fracasos del Ensi de Sippar, Enmeduranki. Convencido de que podía ofrecer a Sargón mejores criaturas que los Wardu, el Ensi jugó con la alquimia y creó a los katurû, las estatuas con forma de rana.
Desde el momento de su nacimiento estas criaturas fueron vilipendiadas por todo aquel que era testigo de su existencia. Un cuerpo gordo y deforme, extremidades inútiles y una cara más cercana al rostro de un cerdo daban un aspecto grotesco a la que debía ser una de las mejores creaciones del mediocre alquimista. Enmeduranki decidió deshacerse de ellas abandonándolas en el Desierto de Eria a su suerte, esperando que algún depredador acabase con esos batracios impíos.
Pero la naturaleza, a veces, es bondadosa y dentro de aquellos engendros había un instinto de supervivencia que luchó por encima de todo y se alzó con la victoria. Los katurû se internaron en el desierto para no volver a ser vistos. Hasta ahora.
Muchas son las noticias, rumores y chismorreos de caravanas de comerciantes, esclavos y grupos de soldados que han sido atacados por enormes monstruos de aspecto de batracio con la piel dura como la piedra. Los ataques de estos monstruos no son siempre en el mismo lugar, pero todos ellos son siempre en las rutas que van hacia Sippar.
Durante años los katurû se han ido adaptando para sobrevivir en el duro ecosistema del Eria. Su piel se endureció para resistir el inclemente calor de Shamash y los ataques de los grandes depredadores mientras que su cuerpo se adaptaba para que cualquier cosa que encontrasen les sirviese de alimento, convirtiéndoles en onmívoros y sin sentir la necesidad imperiosa de estar cerca del agua como sus raíces anfibias así les dictaban.
Los katurû actuales son una terrible evolución de los primeros seres creados por Enmeduranki a los que, sin embargo, un viejo instinto les empuja hacia la ciudad que les vio nacer y de la que sienten que forman parte.



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