martes, 11 de junio de 2013

La Puerta de Ishtar: Muttaprišu-pagûm

Estos días de atrás, mientras lidiaba entre pañales, biberones y siestas en brazos, sólo he tenido tiempo de leer La Puerta de Ishtar, pues tengo que darle un repaso de cara a una futura partida, y, para desconectar un poco, La Espada Salvaje de Conan que entretiene y siembra el campo de semillas de aventuras. Y así, y aun con el magnífico sabor de boca que me dejó el tomo de Conan y Belit que me regaló Mi Señora Esposa, pues una cosa lleva a la otra y el resultado es este.
Cuando creo un antagonista para mis partidas me gusta que sea el antagonista, porque para crear masillas se tiran de los que vienen en el libro y no pierdo el tiempo. Mis jugadores suelen decirme que se me va la mano, ¿pero qué es una partida sin un poco de riesgo, sudor y alguna lágrima?. Al menos ese es mi punto de vista como jugador, y como director de juego lo llevo a la mesa hasta el extremo (lo que ha causado más de una, de dos y de tres TKP).
Bueno, no me lío más. Aquí os dejo al mono alado, el causante de que el cimmerio llorase aunque fuera sólo una vez.

Hace mucho tiempo existió un ensil que quiso rivalizar en artes mágicas con el mismísimo Sargón. En su orgullo, el ensil utilizó la brujería para crear sus propias criaturas queriendo hacer sombra a las creaciones del Emperador Sargón. Para ello se rodeó de las más maravillosas especies traídas de todos los confines del Imperio y de más allá de sus fronteras. Tras años de trabajo, tan sólo una sobrevivió a los experimentos del ensil. La criatura, que había sido traída desde las selvas del sur, cultivó un odio hacia su amo entre dolorosos experimentos y torturas.
Pero nada pasa en el Imperio sin que Sargón lo sepa, y lo autorice, y la noticia sobre la traición del ensil llegó a sus oídos igual que un enjambre de langostas llega a un campo cultivado. El Emperador dirigió sus ejércitos hacia la ciudad de Kush con la intención de erradicar no sólo la traición del ensil sino la ciudad entera. Kush sería borrada de la historia para siempre y nadie recordaría el acto que el ensil osó realizar.
La batalla fue rápida y cruenta, pues los pobres ciudadanos de Kush no sabían de las intenciones de Sargón ni de las actividades del ensil y poco pudieron hacer cuando el ejército cayó sobre ellos. Cuando las tropas de Sargón llegaron al zigurat, el ensil liberó a su criatura, siendo él su primera víctima. El monstruo salió a las calles de Kush matando a todos los awilu, muskhenu y wardu que encontraba a su paso. Odiaba a todas aquellas criaturas que le habían arrancado de su hogar y convertido en aquel ser demoniaco. Pero el horror aun no había terminado pues todo aquel que era mordido o arañado por el monstruos perdía la razón y, presa de una extraña rabia, atacaba ferozmente a todo aquel que el rodeaba. Y aun así, lo más terrible aun no había llegado.
El monstruo escapó y Sargón borró de la historia la ciudad de Kush. Los soldados que habían caído presa de la maldición del demonio fueron reducidos y apresados, pues el Emperador quería saber qué magia se había empleado para lograr tal criatura. Sin embargo, a su llegada a Akkad ninguno de los soldados heridos estaba presente pues todos fueron sacrificados ante el extraño fenómeno que en ellos se produjo. Poco se sabe de aquello ya que el Emperador ordenó guardar silencio a todo soldado bajo castigo de pena capital, pero aun así el rumor se extendió como una plaga y no quedó nadie que no supiera del demonio que había escapado de Kush y su terrible maldición que volvía locos a los awilum y los convertía en hienas, pues ese fue el destino de los soldados que cayeron víctimas del Demonio de Kush.
Kushalûm. Imagen obtenida de aquí.
Esta historia se cuenta desde las hogueras de los cimmerios en las Montañas Gudabak hasta los pantanos de Lagash; desde la valiente Mari hasta el reino serpentino de Meda; y su relato hace llorar a los niños, callar a los ancianos, temblar a los más fieros guerreros y refugiarse tras los muros de sus casas a los más ricos nobles. Los cimmerios le llaman muttaprišu-pagûm, los uridimmu susurran su nombre entre ladridos entrecortados, y en el Imperio, donde conviven la historia, la leyenda y la superstición, le conocen como Kushalûm.


Los nombres que he usado para la criatura vienen a significar mono alado (muttaprišu-pagûm) y demonio de Kush (kushalûm). No es que sea hábil con esto de los idiomas, el genitivo, el acusativo y esas cosas, que uno es informático y todo lo que no sea 1 y 0 se le escapa, pero encontré esta página que ayuda bastante si no a dar con la forma correcta sí a tener cierta idea para formar la palabra, buena o no, que dé color a la criatura que, al fin y al cabo, de eso se trata siempre a riesgo de que te quede un gente llamada akkadios ir la casa, por ejemplo.
Como siempre, críticas, comentarios, mejoras y donaciones son bienvenidas.

6 comentarios:

  1. Me parece una pasada...digna de que el susurro ya muerto de un amante ayude a un rey a darle muerte.

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    1. Y, finalmente, nadie lloró por él.
      Gracias por pasar por aquí, Crom. Un honor, como siempre. :)

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    2. Y encima ha salido en la segunda fecha más indicada, segunda puesto que es mejor celebrar la llegada que la despedida ( y más si es tan temprana).
      En serio, me encanta ¿el dibujo es de Corben?

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  2. Muy chulo. :)

    Aunque es tochete, ¿eh? Ese bicho hará huir a más de un grupo de aventureros. ;)

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    1. Sí que lo es, sí. La idea es que sea un bicho de final de campaña, como lo es en la historia de Conan y Belit, aunque el resultado final esperemos que no sea el mismo que en los cómics.
      Gracias por pasar por el blog y comentar, Rodrigo.

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