sábado, 13 de julio de 2013

La Puerta de Ishtar: Llamar al Sabueso de Tind'lōsi

Una criatura tan característica como el Perro de Tíndalos no podía faltar para este juegazo. El problema es que como criatura suelta no le encontraba hueco ya que, como en su versión original, deben tener una razón para cazar a su presa. Así que dándole vueltas encontré una solución convirtiéndolos en una criatura invocada.
Espero que os guste y, como siempre, comentarios, sugerencias, correcciones y donaciones son bienvenidas.

Llamar al Sabueso de Tind'lōsi

Nivel:Brujería 3

Efecto: Cualquiera que ose ofender o enemistarse con un brujo bien puede temer que este posea el conocimiento para invocar al Sabueso de Tind'lōsi, el cazador de más allá del Tiempo y el Espacio, pues si el brujo envía a la criatura en su busca puede darse por muerto. El sabueso perseguirá a su presa allá donde esté sin importar la distancia que les separe y sin importar el tiempo que dure su cacería.
Cuando el sabueso encuentra a su presa este sólo puede materializarse entrando por un ángulo. El lugar más usual son las esquinas de las paredes, aunque hay testigos que juran haber visto aparecer a estos seres por las esquinas de un cofre o incluso de una daga. Al materializarse un humo azul verdoso comenzará a manar del lugar por el cual aparecerá el sabueso. Ladridos, aullidos y gimoteos caninos acompañaran al humo mientras este comienza a tomar la forma y el aspecto famélico, casi esquelético, de un enorme perro sin piel, con una larga lengua azul que resuma un icor de igual color.
Una vez materializado, y siempre cerca de la víctima, el sabueso cazará a su presa de forma brutal o la acechará  encontrar el momento oportuno para clavar sus fauces en el cuello del desdichado.
 
El perrete salió de aquí
Lanzamiento: Para invocar al Sabueso de Tind'lōsi un brujo debe sacrificar un perro. Este perro debe haber sido criado por el brujo desde que era un cachorro. Debe crearse un vínculo afectivo que sólo puede existir entre perro y amo, convirtiendo al animal en una criatura fiel que daría su propia vida por su dueño.
Una vez llegado a la edad adulta, el brujo debe sacrificar a su fiel amigo en un ritual donde el Etemmu del can será enviado a los dominios de Lummu-Kuzaku donde vivirá mil y un tormentos, deformándose y corrompiéndose bajo la influencia del Igigu. Antes del sacrificio deberá atar un hilo tejido con la tela de las arañas que habitan en el templo de Lummu-Kuzaku en Samarra. Esto permitirá atar la forma espiritual del perro al hilo que será utilizado posteriormente.
Con los huesos del cadáver se deberán fabricar diferentes silbatos, tantos como dé de sí el esqueleto del perro, con los que llamar al sabueso. Estos silbatos sólo pueden ser utilizados por el amo del perro y no tendrán poder alguno si los utiliza cualquier otra persona. Además, cada silbato deberá estar cubierto por el hilo con el se ató al perro antes de su sacrificio, uniendo así el objeto al can para siempre.
Cuando el brujo quiera enviar a su sabueso a por alguna presa, deberá tallar el nombre verdadero en el silbato de hueso y soplar por él para que la criatura salga del Irkalla en busca de su víctima.

Aprendizaje: Este hechizo sólo puede aprenderse en Samarra, la ciudad donde Lummu-Kuzaku habita. El brujo deberá ser aceptado por los sacerdotes del Igigu quienes rezarán a su dios para que el conocimiento de tal poder sea transmitido al brujo. Los rezos se oirán durante seis umus en los cuales el brujo deberá rellenar seis vasijas con su propia sangre. Tras el tiempo transcurrido, los sacerdotes escribirán el hechizo con la sangre del brujo y este deberá memorizarlo y destruirlo antes de la siguiente puesta de sol.
Una vez aprendido el hechizo ningún animal estará cómodo ante la presencia del brujo, excepto su fiel amigo y futura víctima. Cualquier animal que vea o simplemente sienta la presencia del brujo se comportará de manera extraña e intentará huir del brujo lo más rápido posible. Si el animal se encontrase acorralado, o en alguna otra situación en la que no pudiera alejarse del brujo, atacará con toda la ferocidad posible al objeto de su malestar. Los wardu y los urdimmu también se ven afectados por este aura de malestar que desprende el brujo.


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